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New Cucurto

septiembre 7, 2010

Ya está entrando en el horno el último libro de poemas de Washington Cucurto, “El Hombre Polar Regresa a Stuttgart”, con grabados y dibujos del artista Nahuel Vecino.

Va un poema ideal para leer en estos días de crecida.

Inundación

Voy a Quilmes a ver a mi padre que se inundó,
increíble, el gran incendiario del demonio, inundado.
“Estamos con el agua hasta el cogote, guacho”,
me grita mi hermano en el teléfono, exagerado.
Este poema debería llamarse:
“El gran vendedor ambulante bajo las aguas”.
Amigos, así es la vida , de pronto arremete y nos deja sin nada
y, como si nada, continúa.
Todo sigue y yo mas viejo.
Baltazar, un hombrecito de cinco años, ya me reprocha cosas…
Morena, su hermana, (mi hija querida, a la cual salvaré del
papelón de la vida moderna no escribiéndole jamás un verso)
ya camina y pronto me llenará de reproches…
Amigos, así es la vida , este planisferio de Taiwán en el que sucede nuestra existencia.
2007. ¡Cuántos años pasaron desde mi nacimiento!
Y la vida sigue, de nada sirve lamentarse,
sobre nuestra tumba crecerán las margaritas que se manducará el yobaca de un botellero.
Trabajando como burros, volviéndonos locos,
pasan los años y cuando queremos acordarnos
llega el día en el que algo sucede,
dejamos de vivir la vida mediática, ya no fumamos
nuestro cigarrillo CJ, el de los obreros de Jujuy,
por un momento no pensamos en nuestro trabajo
ni en nuestros hijos, estamos dentro del break,
del día del quiebre de nuestras vidas.
¡Ese día del parate nos llega a todos!
Llega el día en el que el rufián del Once se inunda,
el fantástico incendiario de conjetural sonrisa,
pero ya no nos importa que el gran vendedor ambulante
o todos en Florencio Varela estén bajo el agua…
La palabra es que ya no nos importa nada.
Podrían venir los estadounidenses, saquear todo,
matar a todos y no nos importaría, nuestra exclusiva
y cínica vida moderna seguiría como ahora, iríamos igual
entre cadáveres al supermercado, al kiosco, a llevar
a los jueguitos electrónicos a nuestros críos.
Todo sucede afuera pero nada nos afecta, nada
sucede dentro de nuestras cuatro paredes.
Podrían ponernos una bomba en el culo
y todo seguiría igual.
La palabra es que nada nos importa.
Mas, aún así y a pesar de todo, llega el día
en que las cosas se caen de la mesa,
sucede aquello que es demasiado.
El break renace en nuestro interior,
mas no en la vida , la vida no, amigos,
la vida no es metaforizable, y continúa….
Y como prueba: el vendedor máximo de chucherías
del Once, como máxime, se inunda.

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