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Tres de Vitoco

abril 3, 2010

Del superpoeta chileno Víctor Manuel López Zumelzu

Limpieza

Esta noche lo único que hay sobre el velador es un poema

voy al baño y pienso en todo lo fue que necesario
para que este chorro claro de agua se enhebrara

suave difuso en el muelle erosionado de los dedos
y se escribiera finalmente el poema

fue necesario que hombres de cascos amarillos y bulldozers
cambiaran la perspectiva original de las calles

que fachadas, rotondas y mermas se redujeran a líneas verticales
en el dócil plano que sostiene la ciudad de esta contra ciudad

Para que cualquier muchacho después de escribir poesía
pueda decir que lleva limpio el rostro

Películas

Sombrillas bikinis bronceadores son el corazón mismo
de esta nueva estación

Las ramas de plátano oriental que se agitan unas cuadras más allá
tienen siempre ese extraño sabor a despedida
que es difícil de beber a esta hora de la tarde

Todo lo que podría suceder en este preciso momento
en que los rayos del sol decaen  y las luces artificiales de la disco se encienden
podría ser llamado amor

El envoltorio de chicle que flota sobre el asfalto tibio de la salida

Los muchachos que vacían sus butacas en el cine
justo cuando los protagonistas se besan los créditos aparecen
y uno no sabe realmente que hacer con toda esa ajena felicidad que se derrama por el suelo

Cartas

Mi querida Mariel

Cuando escribo de Chile no pienso en Chile como un país / sino que escribo otro sinónimo más de lejanía / Algunas mañanas me despierto con una reseca semejante a una delgada línea de mar en las pestañas /  Mas allá una muchacha amarra flores amarillas en medio del desierto / entre sus piernas hay un cuaderno borroso que parece decir / “esta es mi escritura una niebla en la que apenas se divisa” / Escribir es siempre decir lo mismo / Ahora voy a escribir un verso genial / algo digno de Yeats / una ensoñación / sobre una venus que reposa desnuda en un estanque de peces / pero no precisamente de una venus / sino más bien de una quinceañera de los barrios bajos de Santiago / que yace violada y muerta en las riberas del Mapocho / Un surfista viaja toda su vida en un autobús que de a poco se desvanece / a veces mira a través de la ventana el paisaje / enormes carteles con nombres de ciudades desconocidas / trasladarse de un lugar / hacia otro punto / donde el mismo viaje es un signo de desvanecimiento / de continua perdida / El le escribe poemas de amor porque no se atreve a decirle que la ama más que el universo / un día decide mostrarle sus textos y ella le dice son demasiado tontos / no dicen nada nuevo / Toda escritura es una especie de caída / leve / despacio / sin tiempo / cerca del suelo la sensación de velocidad aumenta / los ojos se dilatan /  el fotógrafo  enfoca la escena y le pide que por un momento / solo por un momento / cierre los ojos y que imagine que el breve viaje hacia la oscuridad / no huele siempre como un ramo de flores amarillas olvidadas en medio del desierto / En Colombia hay cientos de mariposas de colores / en Chile de vez en cuando la corriente del niño trae peces voladores que se elevan a varios centímetros de altura / Toda escritura es precisamente esto / que salga el sol cuando deseamos que salga el sol / y ponernos abrigos bufandas cuando deseamos que este mismo muera.

De Los surfistas, Ediciones VOX , Bahía Blanca, 2006

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